El agua de Sirmione, sulfúrea salsobromoiodica, está rica de azufre, clorulo de sodio, yodo, bromo y de los oligoelementos, magnesio, selenio y zinc. Estos elementos la convierten en un precioso aliado de la piel, sobre la que tiene un efecto exfoliante, remineralizante, reequilibrante, además de ser antimicótico también, cicatrizante y antiinflamatorio.
El azufre, en particular, desenvuelve una doble acción: por un lado exfolia delicadamente el estrato más superficial eliminando las células muertas y hace la piel más lisa y luminosa (acción queratolítica) por el otro la regenera dulcemente (acción queratoplástica). Además el agua sulfúrea estimula el sistema nervioso parasimpático y genera una vasodilatación capilar con una reducción de la presión arterial sistémica. Además el calor del agua termal produce una hiperemia con consiguiente efecto analgésico y miorelajante.
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